DISEÑO
El diseño brutalista no deja indiferente a nadie, ya que invita a cuestionar qué es realmente un “buen diseño” y si lo bello en diseño es algo objetivo o subjetivo. Mientras algunas personas optan por marcos estéticos rígidos y reglas prediseñadas, otras se dedican a romperlas constantemente, abriendo así espacio a corrientes como el feísmo, el “new ugly” o incluso el llamado “diseño choni”.
El brutalist design es una de estas tendencias disruptivas, particularmente popular en el diseño web actual, y genera una continua polémica sobre si es antítesis del diseño o pura genialidad. Su origen se encuentra en la arquitectura brutalista, surgida entre los años 50 y 70 del siglo pasado dentro del Modernismo, caracterizada por un enfoque “bruto” y crudo: edificios de formas geométricas pesadas, materiales como hormigón, ladrillo, acero o vidrio expuestos sin adornos ni lujos. Durante años se consideró un estilo frío y hasta “feo”, pero ese mismo espíritu ha migrado hoy al universo digital.
En web, el brutalist design surge como respuesta al predominio de propuestas limpias, minimalistas y armónicas. Según Pascal Deville, responsable de brutalistwebsites.com, se trata de romper con las normas habituales de usabilidad y composición, proponiendo interfaces caóticas, hechos a mano, a menudo difíciles de navegar, donde impera la imperfección deliberada y la búsqueda de lo inesperado. Colores estridentes, textos desordenados, animaciones incesantes, fotomontajes absurdos y toques retro ochenteros cobran protagonismo. Incluso hay sitios que advierten con humor de posibles crisis epilépticas ante la avalancha visual que presentan.
Sin embargo, optar por el brutalist design no implica necesariamente buscar el caos absoluto, sino más bien explorar las posibilidades expresivas del formato, desafiando la monotonía reinante y permitiendo nuevas experiencias para las personas.
Este tipo de diseño despierta tanto pasiones como detractores; cada quién define su propio concepto de “buen diseño” según sus valores y objetivos. Pero si vemos el diseño como una herramienta para alcanzar metas –y no solo como una cuestión decorativa– quizá deberíamos preguntarnos si lo verdaderamente “bueno” es aquello que responde a una estrategia o necesidad, más allá de las apariencias.
¿Necesitas ayuda o asesoramiento con el diseño? En Marmarru Studio estamos para ayudarte. ¡Escríbenos!
El diseño brutalista no deja indiferente a nadie, ya que invita a cuestionar qué es realmente un “buen diseño” y si lo bello en diseño es algo objetivo o subjetivo. Mientras algunas personas optan por marcos estéticos rígidos y reglas prediseñadas, otras se dedican a romperlas constantemente, abriendo así espacio a corrientes como el feísmo, el “new ugly” o incluso el llamado “diseño choni”.
El brutalist design es una de estas tendencias disruptivas, particularmente popular en el diseño web actual, y genera una continua polémica sobre si es antítesis del diseño o pura genialidad. Su origen se encuentra en la arquitectura brutalista, surgida entre los años 50 y 70 del siglo pasado dentro del Modernismo, caracterizada por un enfoque “bruto” y crudo: edificios de formas geométricas pesadas, materiales como hormigón, ladrillo, acero o vidrio expuestos sin adornos ni lujos. Durante años se consideró un estilo frío y hasta “feo”, pero ese mismo espíritu ha migrado hoy al universo digital.
En web, el brutalist design surge como respuesta al predominio de propuestas limpias, minimalistas y armónicas. Según Pascal Deville, responsable de brutalistwebsites.com, se trata de romper con las normas habituales de usabilidad y composición, proponiendo interfaces caóticas, hechos a mano, a menudo difíciles de navegar, donde impera la imperfección deliberada y la búsqueda de lo inesperado. Colores estridentes, textos desordenados, animaciones incesantes, fotomontajes absurdos y toques retro ochenteros cobran protagonismo. Incluso hay sitios que advierten con humor de posibles crisis epilépticas ante la avalancha visual que presentan.
Sin embargo, optar por el brutalist design no implica necesariamente buscar el caos absoluto, sino más bien explorar las posibilidades expresivas del formato, desafiando la monotonía reinante y permitiendo nuevas experiencias para las personas.
Este tipo de diseño despierta tanto pasiones como detractores; cada quién define su propio concepto de “buen diseño” según sus valores y objetivos. Pero si vemos el diseño como una herramienta para alcanzar metas –y no solo como una cuestión decorativa– quizá deberíamos preguntarnos si lo verdaderamente “bueno” es aquello que responde a una estrategia o necesidad, más allá de las apariencias.
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El diseño brutalista no deja indiferente a nadie, ya que invita a cuestionar qué es realmente un “buen diseño” y si lo bello en diseño es algo objetivo o subjetivo. Mientras algunas personas optan por marcos estéticos rígidos y reglas prediseñadas, otras se dedican a romperlas constantemente, abriendo así espacio a corrientes como el feísmo, el “new ugly” o incluso el llamado “diseño choni”.
El brutalist design es una de estas tendencias disruptivas, particularmente popular en el diseño web actual, y genera una continua polémica sobre si es antítesis del diseño o pura genialidad. Su origen se encuentra en la arquitectura brutalista, surgida entre los años 50 y 70 del siglo pasado dentro del Modernismo, caracterizada por un enfoque “bruto” y crudo: edificios de formas geométricas pesadas, materiales como hormigón, ladrillo, acero o vidrio expuestos sin adornos ni lujos. Durante años se consideró un estilo frío y hasta “feo”, pero ese mismo espíritu ha migrado hoy al universo digital.
En web, el brutalist design surge como respuesta al predominio de propuestas limpias, minimalistas y armónicas. Según Pascal Deville, responsable de brutalistwebsites.com, se trata de romper con las normas habituales de usabilidad y composición, proponiendo interfaces caóticas, hechos a mano, a menudo difíciles de navegar, donde impera la imperfección deliberada y la búsqueda de lo inesperado. Colores estridentes, textos desordenados, animaciones incesantes, fotomontajes absurdos y toques retro ochenteros cobran protagonismo. Incluso hay sitios que advierten con humor de posibles crisis epilépticas ante la avalancha visual que presentan.
Sin embargo, optar por el brutalist design no implica necesariamente buscar el caos absoluto, sino más bien explorar las posibilidades expresivas del formato, desafiando la monotonía reinante y permitiendo nuevas experiencias para las personas.
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e innovador, especializado en
Branding, Web y Comunicación
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